Una taza de té

Qué duda cabe, el (buen) liderazgo se basa en las relaciones interpersonales, en conocer a quienes forman tu equipo, pero no solo un conocimiento superficial, protocolar o “por cumplir”, sino que un conocimiento acabado, que permita identificar sus talentos, sus inquietudes y sus proyectos, pero también, en generar el espacio y la confianza para que conozcan a quien reconocen como su líder.

Para que ello se produzca puede haber varias fórmulas, pero según mi experiencia, la más efectiva es “estar presente”, estar con ellos, tomarse el tiempo para hacerles preguntas – de las fáciles y también de las difíciles- aquellas que buscan conocer sus aspiraciones, sus intereses, sus éxitos y también sus fracasos, aquellas que permitan entender lo que esperan de sus proyectos profesionales y personales.

Visitar frecuentemente al equipo en el trabajo y compartir algún tiempo con ellos es la mejor manera de establecer esas relaciones, logrando una conexión lo más abierta y honesta posible y generando la confianza suficiente para abrir un diálogo fluido y sincero.

Probablemente, lo más difícil en esta tarea esencial de todo líder, será generar las condiciones para que se sientan cómodos, sin presión, a gusto y luego predisponerse para escuchar lo que dicen y valorar su perspectiva. Este ejercicio no es fácil, ya que la tendencia natural será hablar más que escuchar. De igual forma, hay que evitar tomarse alguna crítica como algo personal que conduzca a adoptar una actitud defensiva, simplemente hay que escuchar lo que dicen ya que es muy importante para ellos.

Una regla de oro: si te ofrecen una taza de té (o café) acepta siempre. Te la ofrecen porque quieren que pases tiempo con ellos. Puede que no parezca trabajo, pero es una de las formas más útiles en las que puedes dedicar tiempo como líder. Al tomarse diez minutos para sentarse con alguien, le permite a su equipo saber que tienes tiempo para ellos y le brinda la oportunidad de involucrarse en forma real, cercana y directa con quien dirige la unidad.

Es en ese ambiente de confianza e intimidad -ojalá en la cocina o al calor de una fogata si es en terreno- donde se produce la verdadera comunicación que permite al líder influir, inspirar, persuadir, motivar, orientar y acompañar a quienes forma parte de su equipo, así como compartirles ideas y transmitirles los valores de la unidad, al tiempo que se recibe también las inquietudes de su gente.

Finalmente y a propósito del té, una lección: Lo que cuenta es lo que hay dentro de la bolsita de té. Algunas bolsitas de té tienen etiquetas elegantes, algunas incluso tienen delicadas borlas de seda, pero la calidad de la bebida está determinada por el té dentro de la bolsa, no por la etiqueta o el cordón.

Escrito por Christian Bolívar Romero

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El riesgo de no arriesgarse